control de inventarios Tiempo de lectura: 3 minutos

Cualquier empresa, desde la más pequeña a la más grande, tiene que dedicar unos esfuerzos considerables al control del inventario. Esto se debe a que, en gran parte, el éxito de cualquier actividad económica dependerá de su producto, que formará el grueso de su activo más valioso, que, a su vez, lo conformará el inventario, desde productos que deban ser transformados a productos que ya estén listos para ser vendidos en su forma final.

 

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Lo primero que se tiene que tener en cuenta para conseguir un control de inventario adecuado, es lograr dominar el volumen del inventario al que se debe hacer frente. En este sentido, existen diversas políticas que van a ayudarnos al mantenimiento de un inventario que permita responder a la demanda de nuestros clientes pero, al mismo tiempo, reducir el coste de su mantenimiento por parte de la empresa.

 

Just in time:

Este concepto se desarrolló en la década de 1980 en Japón, y rápidamente fue exportado a otros países debido al éxito de su sistema. El Just in time, se caracteriza por reducir al mínimo la presencia de stock en la cadena de producción y en el stock de productos finales. Esto presenta una serie de ventajas considerables, como son la reducción de los niveles de inventarios necesarios, minimizar las pérdidas a causa de la obsolescencia de los suministros, conlleva una relación más cercana con los suministradores y, sobre todo, permite cambios más rápidos y más flexibles durante toda la venta del producto, desde su producción a se entrega efectiva.

 

Metodología Lean:

Se trata de una metodología de gestión que está enfocada a maximizar el valor de cada paso de la línea de producción a la vez que se reduce el exceso de materiales consumibles y desechables. De este modo, se reduce la sobreproducción, los tiempos de espera, el almacenaje y, en definitiva, los procesos excesivamente complejos.

Gracias a estas dos políticas, el control del inventario pasa a ser una tarea mucho más sencilla y fácil de abarcar. Hoy en día, forman parte habitual de la mayoría de los procesos productivos de las empresas, ya que sus resultados están más que probados. Sin embargo, la aplicación de estas políticas también conlleva la necesidad de un control del inventario mucho más precisa. Es decir, se reduce el volumen del control, pero se amplía la calidad del mismo. Es lógico que esto sea así, si pensamos en que la cantidad de material en stock es menor, lo más común será que, si acontece un imprevisto, la capacidad de respuesta sea menor, por lo que los esfuerzos se deben centrar en evitar que tales imprevistos puedan llegar a tener lugar.

Esto se consigue mediante la trazabilidad de todo el proceso. Gracias a la tecnología actual, se puede seguir el proceso de fabricación de cada elemento del inventario, desde las piezas más pequeñas al producto final que será destinado al consumidor final. Esto se lleva a cabo mediante un seguimiento continuo desde que se obtienen las materias primas, llegan a los procesadores, se envían a los centros de distribución y se redistribuyen a los puntos de venta finales. Además, a todo este proceso hay que añadir el transporte existente entre cada uno de los puntos individuales, por lo que el seguimiento del inventario se convierte en una tarea que requiere de equipos automatizados y que funcionen con la mayor efectividad posible, reduciendo así cualquier tipo de contratiempo por error humano.

En este sentido, el papel que tiene la visión artificial en el proceso es innegable, ya que es la responsable de la identificación de cada uno de los elementos del inventario durante todo el proceso. Gracias a diferentes elementos de codificación como los códigos de barras, los códigos QR o la lectura OCR, el seguimiento del producto se hace de manera individualizada y eficiente. Esto permite el control del inventario a unos niveles prácticamente absolutos, ya que se puede localizar cada uno de los elementos que forman parte del proceso desde la obtención de la materia prima hasta que se efectúa la venta por parte del comprador final.

 

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